Vistazos

Mole Poblano

Gastronomía Poblana

Cocina Poblana del Monasterio de Santa Rosa de Lima O.P.

El Monasterio de Santa Rosa de Lima, de monjas Dominicas, que al principio fue Beaterio, se inició en el año de 1683 y pasó a ser convento formal en el año de 1740 (12 de julio).

El convento se construyó en varias etapas y con la contribución de varios benefactores.

Siendo Obispo de Puebla por aquella época el Dr. Don Manuel Fernández de Santa Cruz, fue a visitar a las monjas, y al encontrarlas afligidas por no tener ya dinero para continuar la obra de la construcción y estar en suma pobreza hasta el grado de no tener que comer, les prometió ayudarlas enviándoles comida, y proseguir con la construcción.

Por el año de 1697 o 98, el mencionado Obispo Manuel Fernández de Santa Cruz, al recibir noticias de la visita del Virrey de la Nueva España a Puebla, Don Tomás de la Cerda y Aragón Conde de Paredes y Marqués de Laguna, pidió a las monjas que prepararan unas viandas y en especial un platillo, pero que no fuera la salsa indígena que comían nuestros antepasados que consistía en moler cuatro clases de chiles los cuales eran: Chile ancho, mulato, guajillo y costeño, que resultaban muy picosos. Las monjas se pusieron inmediatamente a pensar y a preparar platillos a ver a quien le salían mejor. Sor María Ana de San José, lega, coge el metlapil y se pone a moler en el metate chile mulato, agregando después los siguientes ingredientes: ajonjolí, almendras, piloncillo, chocolate, clavo, canela, una torta de pan, ajos, anís y cacahuates.

Cuando vieron las monjas que Sor María Ana de San José, estaba afanosa moliendo el chile en el metate, sus hermanas las monjas exclamaron admiradas al ver que manejaba muy bien el metlapil dijeron ” …¡Ay! ¡hermana! ¡Que bien mole! y de ahí les vino la idea de ponerle nombre a ese platillo modificado de “MOLE” ya que lo característico de este mole es el empleo de chile mulato, chile ancho y pasilla.

Otra variante de la leyenda cuenta que el nombre de la monja es Sor Andrea de la Asunción. Por aquellos días, Sor Andrea de la Asunción, era la cocinera de los deseos del obispo que, entre otras cosas, era protector del citado convento. Después de encomendarse a San Pascual Bailón (patrono de las y los cocineros), inició el ritual seleccionando los ingredientes que tenía a la mano y contando con su experiencia, frente al metate inició la molienda en la cual se combinaban las especias más exóticas con los productos originales de nuestra tierra, principalmente el chile y el chocolate.

El Virrey quedó muy satisfecho de haber deleitado su paladar con este exquisito platillo poblano, original, que tenía la mezcla de dos culturas española y mexicana.

El Obispo Manuel de Fernández de Santa Cruz, quedó agradecido y complacido y en premio les hizo una cocina a las monjas adornada con azulejos de Talavera de la Reina, que hoy pueden admirar propios y extraños, en sus bóvedas, sus alacenas y su bracero, orgullo de Puebla y de México.

El Monasterio que hoy se ha convertido en el Museo de Artesanías de Puebla, es una de las joyas arquitectónicas e históricas de nuestra Ciudad, ya que Puebla es una de las Ciudades Patrimonio Cultural de México, reconocida por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Al recorrer el monasterio, podemos admirar diversos elementos constructivos propios de la época de su construcción, ornamentados con las materias más representativas de la arquitectura poblana como la cantera gris, el cuadro de barro rojo, la talavera que distingue a los poblanos, la argamasa y sin faltar por supuesto, los bellos frescos que engalanan nuestros muros y sus hermosos lienzos de firmas de la colonia.

La Iglesia de Santa Rosa, que fue fabricada con lágrimas y sufrimientos de Sor Mariana de San Ignacio, quien fuera la primera priora de este Monasterio, la cual adornó y embelleció el Coro Alto con bellísimos lienzos del pintor poblano Cendejas en el siglo XVIII y que fueron desmontados a causa del sismo de 1999 para su protección y hasta la fecha no se han podido restaurar ni regresado a su lugar de origen, lo cual es lamentable porque son obras de arte que deben ser preservadas e integradas nuevamente para su gozo y júbilo a la tradición cultural poblana.

Fuentes: Secretaría de Fomento Económico, Turismo y Empleo, Dirección de Turismo Municipal, Ayuntamiento de Puebla 2005-2008.

 

 http://www.icum.edu.mx/pdf/ph_05.pdf página 58.

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